El territorio habla cuando las abejas mueren

Mortandad masiva de colmenas, fitosanitarios y ciencia en tensión: la apicultura frente a una señal de alarma histórica

Más de 15.000 colmenas afectadas en nueve departamentos de Uruguay, presencia confirmada de glifosato en muestras de abejas y un complejo entramado de investigaciones científicas que aún no logran establecer una causa única. La mortandad masiva de colmenas registrada en noviembre de 2025 marca un antes y un después para la apicultura uruguaya.

Para muchos apicultores, especialmente los de pequeña y mediana escala, la mortandad registrada en noviembre significó la pérdida de entre el 20 % y el 60 % de sus apiarios, en plena etapa de recuperación primaveral. Un golpe que impacta directamente sobre la cosecha de miel, la producción de núcleos, la reposición de reinas y la capacidad de cumplir compromisos comerciales.

Un equipo interinstitucional confirmó la exposición ambiental de las abejas a distintos fitosanitarios, mientras continúan los monitoreos y los análisis de laboratorio. Laboratorios nacionales e internacionales, bioensayos en condiciones controladas y relevamientos a campo conforman una investigación científica compleja que, aunque aún no establece causalidades directas, deja en evidencia un escenario crítico para la apicultura y los ecosistemas asociados.

En esta nota gráfica especial, La Miel en tu Radio reconstruye los hechos, contextualiza los resultados científicos y analiza qué nos está diciendo la abeja sobre el modelo productivo actual.

Una mortandad que sacudió al país apícola

El mes de noviembre marcó un antes y un después para la apicultura uruguaya. Los reportes de mortandad de abejas comenzaron a multiplicarse en distintos departamentos, hasta configurar un escenario inédito: más de 15.000 colmenas afectadas en Canelones, Colonia, Durazno, Flores, Florida, Paysandú, Río Negro, San José y Soriano.

Las imágenes se repitieron con crudeza: piqueras cubiertas de abejas muertas, colmenas súbitamente despobladas, cuadros sin actividad, productores desconcertados. No se trató de un evento aislado ni localizado, sino de una situación extendida territorialmente, con características comunes que encendieron las alertas sanitarias, productivas y ambientales.

Ante a esta situación, se conformó un equipo técnico interinstitucional que puso en marcha una investigación científica integral para intentar comprender qué estaba ocurriendo. El mismo esta integrado por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE), el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la Universidad de la República, la Comisión Honoraria de Desarrollo Apícola y el Centro de Operaciones Apícolas Los Espinillos. El objetivo fue claro: investigar científicamente qué estaba ocurriendo.

Ciencia en acción: investigación interinstitucional y trabajo a campo

El abordaje del problema involucró a múltiples organismos del Estado y del sistema científico nacional. Se realizaron relevamientos de apiarios afectados, muestreos de abejas para análisis químicos y sanitarios, y estudios en laboratorios de la Universidad de la República, el Ministerio de Educación y Cultura y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.

En paralelo, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) llevó adelante bioensayos en condiciones controladas, con el objetivo de evaluar la exposición de las abejas a determinados fitosanitarios. Estos ensayos permitieron observar respuestas biológicas específicas frente a principios activos utilizados en el sistema agrícola.

Además, en el marco del Proyecto ANII–Innovagro, financiado por la Dirección General de la Granja y la Dirección General de Servicios Agrícolas, se enviaron muestras al exterior para análisis de residuos, ampliando la capacidad diagnóstica más allá de las fronteras nacionales.

Apiarios rodeados de cultivos: un dato que se repite

Uno de los elementos más relevantes que surgió del relevamiento es que todos los apiarios afectados estaban ubicados en entornos agrícolas. En las zonas donde se registraron mortandades, predominaban cultivos de colza, trigo, cebada, maíz, sorgo o soja.

Este dato no implica automáticamente una relación causal directa, pero sí permite establecer un patrón territorial que no puede ser ignorado. La apicultura, por su propia naturaleza, es una actividad profundamente vinculada al paisaje productivo. Las abejas recorren grandes distancias en busca de néctar y polen, interactuando con todo lo que ocurre en ese territorio.

Cuando ese entorno se intensifica, se tecnifica y se vuelve químicamente más complejo, la colmena se transforma en un verdadero bioindicador ambiental.

¿Qué dijeron los análisis sanitarios?

Los análisis realizados en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable descartaron que la mortandad se debiera a enfermedades propias de las abejas. No se encontraron evidencias que permitieran atribuir el evento a patologías sanitarias clásicas del sector apícola.

Este resultado fue clave, ya que permitió orientar la investigación hacia factores externos, reforzando la hipótesis de una posible exposición ambiental a productos utilizados en el sistema agrícola.

Los bioensayos realizados en INIA evidenciaron mortalidad significativa de abejas asociada a diquat y paraquat en condiciones controladas. Sin embargo, los propios técnicos aclararon que estos resultados no permiten establecer una correlación concluyente con los eventos observados en el campo.

Esta aclaración es fundamental. El laboratorio permite aislar variables, pero el campo presenta una complejidad mucho mayor: mezclas de productos, exposiciones crónicas, interacciones entre principios activos, condiciones climáticas y estado sanitario previo de las colmenas.

En ese sentido, la ciencia avanza con prudencia, evitando conclusiones simplistas que podrían conducir a diagnósticos erróneos.

Presencia confirmada de glifosato

De las 43 muestras analizadas, provenientes de 36 sitios afectados, para un amplio screening de residuos (24 muestras: Laboratorio de Análisis de Compuestos Traza del CENUR Litoral Norte y en la Facultad de Química (Udelar), 7 muestras al laboratorio de DGSA y 12 al exterior, se obtuvieron los siguientes resultados:

No se detectaron residuos de paraquat ni de diquat en ninguna de las muestras analizadas y en 4 muestras se detectaron otros ingredientes activos.

La Dirección General de Servicios Agrícolas, por su parte, aportó información sobre registros de uso y comercialización de fitosanitarios y señaló que no se constató uso registrado de paraquat en colza, además de que los análisis de colza exportada no evidencian residuos de ese principio activo.

Así, el escenario que emerge es el de una exposición múltiple, en un contexto donde interactúan distintos productos, momentos de aplicación, condiciones climáticas y dinámicas territoriales.

Uno de los datos más relevantes surgió de los análisis realizados en laboratorios del exterior. De un total de 12 muestras analizadas, 11 presentaron presencia de glifosato en concentraciones variables. En cuatro de ellas, además, se detectaron otros ingredientes activos.

Si bien no se detectaron residuos de paraquat ni diquat en ninguna de las 43 muestras analizadas entre laboratorios nacionales e internacionales, la presencia de glifosato confirma la exposición ambiental de las abejas a herbicidas de uso extendido.

A nivel internacional, numerosos estudios vienen señalando que el glifosato puede generar efectos subletales en las abejas, afectando su orientación, su capacidad de forrajeo y su microbiota intestinal, debilitando a la colonia en el mediano plazo.

El grupo de trabajo interinstitucional fue claro en su comunicado:

“Los resultados obtenidos confirman la exposición ambiental de las abejas a distintos productos fitosanitarios”.

Sin embargo, también señalaron que no es posible establecer relaciones causales directas entre un principio activo específico y los eventos de mortandad registrados. Esta conclusión, aunque científicamente responsable, genera tensión en el sector apícola, que necesita respuestas concretas para tomar decisiones productivas.

La ciencia, en este caso, no ofrece certezas absolutas, pero sí señales claras de un problema estructural.

Recomendaciones y próximos pasos

Ante este escenario, el equipo interinstitucional recomendó:

  • Continuar con el seguimiento y monitoreo permanente de apiarios en distintas zonas del país.

  • Fortalecer los muestreos a campo y los análisis de laboratorio.

  • Analizar matrices más estables como cera, néctar, polen y suelo, que permitan reconstruir escenarios de exposición en el tiempo.

  • Desarrollar estudios específicos sobre interacciones entre insecticidas, herbicidas, tratamientos de semilla y bioinsumos.

  • Acompañar técnicamente a los apicultores afectados, evaluando la evolución sanitaria y productiva de las colmenas.

  • Articular con los organismos competentes para el análisis y seguimiento de denuncias.

Más allá de los resultados técnicos, la mortandad masiva de abejas vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo: la convivencia entre la apicultura y los modelos agrícolas intensivos.

Las abejas no reconocen alambrados ni límites administrativos. Su salud depende de decisiones que muchas veces se toman lejos del apiario. En ese sentido, la apicultura emerge como una actividad estratégica, no solo por su producción de miel, sino por su rol clave en la polinización y la sustentabilidad de los sistemas agroalimentarios.

El territorio habla cuando mueren las abejas

En las reuniones técnicas, en los grupos de WhatsApp y en las charlas informales, los apicultores repiten una sensación común: incertidumbre. No saben si mover los apiarios, si insistir en determinadas zonas, si reforzar colmenas o esperar. La falta de certezas técnicas se traduce en decisiones productivas difíciles.

Muchos reclaman mejor comunicación con los actores agrícolas, avisos previos de aplicaciones, respeto por las franjas horarias y mayor control estatal. Otros señalan la necesidad de avanzar hacia modelos productivos más compatibles con la apicultura, donde la polinización sea reconocida como un valor y no como un daño colateral.

El silencio en una colmena no es solo una pérdida productiva. Es un mensaje. Un síntoma de desequilibrios más profundos que atraviesan al territorio, al modelo productivo y a la relación entre agricultura y ambiente.

La investigación continúa. Las respuestas definitivas aún no llegan. Pero algo quedó claro: las abejas estuvieron expuestas. Y escuchar lo que nos están diciendo es una responsabilidad colectiva.

Para más información descargar el informe en la página del Ministerio de Ganaderio Agricultura y Pesca del Uruguay – MGAP

Fuentes bibliográficas

Confirmaron “exposición” de colmenas a fitosanitarios; continúan monitoreo. (3 de enero de 2026). El telegrafo. https://www.eltelegrafo.com/2026/01/confirmaron-exposicion-de-colmenas-a-fitosanitarios-continuan-monitoreo/

Méndez, Camila.(5 de enero de 2026). Colmenas afectadas por mortandad ascienden a 15.000, detectaron glifosato en muestras y continúan investigando la problemática. La Diaria. https://ladiaria.com.uy/ambiente/articulo/2026/1/colmenas-afectadas-por-mortandad-ascienden-a-15000-detectaron-glifosato-en-muestras-y-continuan-investigando-la-problematica/?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=manana

Ministerio de Ganaderia, Agricultura y Pesca de Uruguay (31 de diciembre 2025). Mortandad de abejas: Comunicado sobre avances. Ministerio de Ganaderia, Agricultura y Pesca de Uruguay. https://www.gub.uy/ministerio-ganaderia-agricultura-pesca/comunicacion/noticias/mortandad-abejas-comunicado-sobre-avances

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